Caminos zen: La caligrafía japonesa shodo.

La magia de la tinta con el alma del pincel, y el papel que los recibe.

La caligrafía japonesa shodo, o shodô, o shodou, en adelante llamada aquí shodo, no es solamente la escritura a mano de los símbolos que componen la escritura japonesa, sino que ha llegado a alcanzar la categoría de arte basado en los principios de la filosofía zen. Es una actitud de pureza y sensación del momento presente que cultiva la paciencia a través de la relajación, la atención y la sensibilidad, y del mismo modo que la meditación, su objetivo es dejar la mente en blanco, sin pensamientos que distraigan, para que la acción fluya sin impedimentos.

El nombre de Laura en caligrafía japonesa Shodou

Es arte porque es una expresión única de los símbolos comunes, y sus trazos reflejan el carácter del autor. De hecho se dice que los trazos gruesos corresponden a personas de carácter fuerte, las líneas muy curvas a personas flexibles, los trazos finos a personas sutiles. Este concepto nos es familiar en occidente gracias a la grafología, que es el estudio del carácter de una persona a través de su letra a mano.

El camino de la tinta y el pincel.

En japonés, el “camino”, [dou] , ,es una disciplina de aprendizaje que no solamente consiste en aprender una técnica; su objetivo es trascender, proyectar la propia esencia, lo que sería el alma de la persona, a través de sus acciones practicando dicha técnica. El camino no sólo es aprendizaje, es también crecimiento personal y autoconocimiento.

Caligrafía shodou enmarcado en pergamino kakemono con el kanji de “Camino”, “michi”, “dou”

Aquellas personas interesadas en las artes marciales japonesas conocen ya el concepto del alma de la persona reflejada a través de los movimientos de su mano. Por ejemplo en el budou, el arte del samurai, donde se dice que la espada es el alma del samurai, su alma se expresa a través de los movimientos de su espada, que llega a estar unida al guerrero por el vínculo espiritual, y éste se expresa a través de la espada. O los tambores taiko. Cuando preguntas a un músico de taiko cuál es su objetivo, te contestan que han de ser uno con el tambor, dejan de ser ellos mismos para pasar a ser el tambor, que es el vehículo de la expresión de su personalidad.

Lo mismo sucede con la caligrafía japonesa: El pincel tiene que llegar a ser una prolongación de la persona, que con sus movimientos dará vida a la tinta china, quedando reflejado esto sobre el papel.

Seguir el camino de la caligrafía japonesa shodô implica una serie de pasos a los que hay que aplicar la máxima precisión y minuciosidad, y, lo mismo que la ceremonia del té, otro de los caminos zen, es precedida de un rito de preparación y concentración.

Desde Japonesca os invito a disfrutar de la práctica del shodô, arte que, de cara al espectador es como la ópera, como verdaderamente se disfruta es en directo, porque no hay fichero digital que pueda igualar una caligrafía original en belleza y emoción.

La parte técnica del camino del shodo.

Como todo arte, la caligrafía japonesa shodo lleva consigo una técnica, y son muchos los aspectos que hay que tener en cuenta para llegar a un cierto nivel de destreza en shodô.

Aparte de los materiales y el estudio que supone familiarizarse con ellos (su textura y comportamiento), hay una serie de aspectos a tener en cuenta a la hora de practicar la caligrafía,  como es la preparación de la tinta (la tinta tradicional es de mejor calidad que la tinta diluida) o la posición del calígrafo, el modo de sujetar el pincel, el tipo de trazos para las líneas de caligrafía y su disposición con respecto tanto a la línea de caligrafía como a las diferentes líneas entre sí.

En shodo, como en la vida, la actitud es primordial.

Seguir el camino de la caligrafía japonesa shodô implica una serie de pasos a los que hay que aplicar la máxima precisión y minuciosidad, y, lo mismo que la ceremonia del té, otro de los caminos zen, es precedida de un rito de preparación y concentración.

La palabra “Alma”, “Tamashii”

Desde Japonesca os invito a disfrutar de la práctica del shodô, arte que, de cara al espectador es como la ópera, como verdaderamente se disfruta es en directo, porque no hay fichero digital que pueda igualar una caligrafía original en belleza y emoción.